Yearly Archives: 2011

La ciudad vacía

Esta tarde, día antes de Nochebuena, voy al centro a comprar unos regalos. La ciudad no está, como otros años, llena de gente atareada con el frenesí típico de los últimos días de compras navideñas. Los comercios están vacíos, reina un inquitente silencio en las tiendas. Muchas anuncian cierres directamente, sobre todo las tiendas de muebles y decoración: ya ha llegado Ikea a la ciudad y se apresuran a cerrar.

Es la crisis, pienso. Pero me dicen en una tienda que los hipermercados están hasta arriba. La gente compra, pero ha abandonado el pequeño comercio por los hipermercados. No lo entiendo ¿por qué? ¿por qué ahora en época de crisis?

¿Qué va a ser de nosotros? Si cierran las tiendas familiares, las empresas de muebles, las fábricas de cocinas  y de bricolage, si todo termina siendo producido por multinacionales y vendido en hipermercados… ¿en qué vamos a trabajar? Un hipermercado destruye muchos más puestos de trabajo de los que crea cuando se instala en una ciudad, aumenta enormemente las diferencias sociales, crea empleos mal pagados y precarios, producen por salarios de miseria en países sin regulación laboral y ambiental, evaden en paraísos fiscales…

Es como si nos tirásemos directamente a las fauces del león que nos está atacando. Los mercados hunden nuestra economía, las grandes empresas nos abocan a una globalización que está destrozando nuestros estados y lo único que hacemos es lanzarnos en sus brazos. No lo entiendo. ¿Por qué? que alguien me lo explique, por favor.

Cuando hablo de estas cosas en mis charlas la gente me mira como a un marciano, incluso con franca hostilidad. ¿Qué nos pasa?¿por qué nos gustan tanto los grandes hiper? ¿Son realmente tan baratos?

Marga Mediavilla

centro.comercial

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Esta no es sólo una crisis económica

En el Curso sobre los límites del crecimiento celebrado en la Universidad de Valladoli en el pasado mes de septiembre de 2011, después de escuchar a intelectuales como Carlos Taibo, Jorge Riechmann, Antonio Valero, Ernest García, Oscar Carpintero o Roberto Bermejo; la sensación que flotaba en el ambiente se resumía en dos palabras preocupación y urgencia.

Aunque, como decía Carlos Taibo, los medios de “incomunicación” silencian estos  temas y sus mensajes se resumen en frases como: “no es tan dramático” o “la tecnología inventará algo” y aunque, debido a ello, el conocimiento que el ciudadano tiene es escasísimo; la problemática que se trató en el curso es extremadamente importante para tod@s. No quedan prácticamente dudas de que nos vamos a encontrar, en esta mitad del siglo XXI, con el choque traumático de nuestra civilización contra los límites del planeta. Hemos colmatado ya los sumideros de contaminación y estamos agotando las fuentes de recursos que nos alimentan, y esto va a tener ya importantes  repercusiones económicas.

Tendemos a pensar en el medio ambiente como una especie de jardin que debemos cuidar por una cuestión ética, pero lo consideramos poco importante comparado con los temas “realmente serios”, como la economía y la industria. Este curso ha dejado bien claro que esta idea es falsa: el medio ambiente es nuestra huerta, nuestra mina y nuestra fábrica; es decir, la fuente de todas nuestras riquezas. Explotar los recursos de la forma que lo estamos haciendo es suicida, porque está poniendo en peligro el mantenimiento de eso que llamamos economía, tecnología y civilización en un plazo mucho más cercano de lo que creemos.

 El cambio climático es uno de los límites más conocidos, pero la otra cara de la moneda, el desconocido pico del petróleo, es todavía más apremiante. Roberto Bermejo nos hablaba de que la extracción mundial de petróleo se ha estancado desde 2006 y no es posible aumentarla aunque suba el precio o mejore la tecnología. La geología de los pozos maduros impide que se extraiga a más velocidad y, en esta misma década, la extracción, no sólo no va a cubrir la creciente sed de petróleo, sino que va a disminuir año a año. La propia Unión Europea, en un reciente informe sobre el futuro del transporte, habla de que en 2050 deberemos prescindir del 90% del petróleo que consumimos porque no lo habrá en el mercado. El resto de los recursos energético: gas natural, carbón y uranio, sufrirán el mismo estancamiento unos años más tarde, de forma que nos enfrentamos al pico de toda la energía global en esta década.

El petróleo y los recursos energéticos no son los únicos límites que están llamando a la puerta. Antonio y Alicia Valero nos hablaban de que hemos construido una electrónica cada vez más sofisticada a base de minerales extremadamente raros que ya están mostrando signos de agotamiento. Utilizar estos minerales de la forma actual, es decir: mezclándolos de forma que el reciclado se hace imposible, renovando los aparatos cada pocos meses y desechándolos en vertederos, es demencial. Es prácticamente imposible recuperar esos minerales desechados y son elementos con unas propiedades únicas que hacen posible, no sólo la moderna tecnología de móviles, consolas e iPods, sino cosas que el el futuro nos pueden resultar esenciales, como elementos para fabricar paneles fotovoltaicos y aerogeneradores. La actual abundancia de recursos es engañosa porque se ha basado en explotar minerales de concentración mucho más baja que los extraídos en siglos pasados, y esto sólo ha sido posible gracias a la utilización de mucha más energía. El pico de la energía hará mucho más costoso extraer todo tipo de minerales, y ya habremos perdido la oportunidad de reciclarlos, estarán en los basureros y muchos serán irrecuperables.

Las renovables son el futuro, porque no hay energías milagrosas e, incluso si alguna tecnología novedosa (como la fusión) llegara algún día a ser rentable, ya no va a llegar a tiempo para sustituir el declive de las fósiles. Debemos avanzar hacia un futuro de energías renovables, a pesar de que en muchas ocasiones sean obstaculizadas por lobbies cercanos al poder, como nos recordaba Ladislao Martinez; pero no podemos olvidar que ellas también tienen límites, como dejaban claro Carlos de Castro y Antonio García Olivares. Carlos explicaba que la energía renovable es la que utilizan los ecosistemas para todos sus procesos vitales. Interceptarla a gran escala tiene efectos sobre unos ecosistemas ya muy alterados; y no debemos olvidar que son esos ecosistemas (que menospreciamos y destruimos tan facilmente) de los que depende toda nuestra alimentacion y la estabilidad del planeta. Antonio nos hablaba de que algunas tecnologías renovables podrian servirnos para conseguir volúmenes de energía importantes, pero eso requeriría inversiones económicas muy exigentes que se asemejarian, durante 40 años, a una “economía de guerra”.

 Jorge Riechmann nos decía que no es el ser humano el cáncer de la biosfera, sino el capitalismo; y sobre todo el capitalismo financiarizado que hemos vivido estas décadas y que ha perdido todos sus mecanismos reguladores. Los estados han dejado de ser un contrapeso al poder del capital, al dejar de financiarse con impuestos para hacerlo con deuda y quedar a merced de los mercados de capital. Pero el capitalismo se basa en el crecimiento, como recordaba Margarita Mediavilla, porque la base del sistema bancario capitalista es el préstamo con interés, que fuerza al crecimiento económico y material. Si no somos capaces de cambiar la raíz del crecimiento, todos los intentos de encontrar una sociedad sostenible son vanos, como se ha demostrado estos casi 40 años desde que se hicieran los informes del Club de Roma.

Oscar Carpintero nos recordaba que la crisis económica ya existía antes de 2008 para millones de seres humanos excluidos, lo que ahora la hace diferente es que ha llegado incluso a las 1000 grandes empresas multinacionales que controlan la economía de planeta. Y tampoco debemos olvidar que los límites del crecimiento suponen un reto  para la clase obrera, que ha confiado en muchas ocasiones en el crecimiento para mejorar su situación.

Después de tres días de mensajes tan duros, la sensación de pesimismo que flotaba entre los asistentes al curso era difícil de contrarrestar, por suerte el cuarto día se lanzaron mensajes provocadores que invitaban a la acción. Carlos de Castro recordaba que esta civilización consumista y que choca violentamente contra la naturaleza no tiene futuro: es el momento de ir pensando en la próxima civilización, en sus valores, en su tecnología, en su política, en su agricultura y en su economía. Al fin y al cabo, como decía Jordi Pigem ¿merece la pena realmente esta sociedad que, a pesar de este inmenso derroche material, es capaz de dejar que todavía mueran de hambre seres humanos y ni siquiera consigue auténtico bienestar en las sociedades más opulentas?

Esta crisis nos debe servir para rediseñar todas nuestras actividades, desde nuestra  profesión a nuestra vida personal. Aunque la tarea parezca imposible, no queda duda que vamos a hacerlo, mejor o peor, porque el problema ha llegado ya. Contamos con una cualidad para ello, porque, como decía Ernest García, el ser humano, a pesar de no ser especialmente virtuoso, si una cosa ha demostrado, es ser una especie con una enorme capacidad de adaptación.

 Los colapsos no son sencillos, llevan aparejados grandes dosis de dolor, confusión, y turbulencias. Jorge Riechmann hablaba de la igualdad, la cooperación y el cuidado, como las tres virtudes que nos pueden ayudar a aminorar las consecuencias negativas de esta época. Yo añadiría cuatro más: democracia, empatia, creatividad y noviolencia, virtudes que el movimiento 15M está sacando a la calle.

Cada vez es más patente que no sólo nos enfrentamos a una crisis económica española o europea, sino a una crisis global y sistémica. Es preciso expandir la conciencia del enorme reto que tenemos delante, y es preciso hacerlo urgentemente. No podemos esperar a que los gobiernos den el primer paso, debemos empezar desde abajo. Es necesario, también, hacerlo utilizando la no violencia por bandera, puesto que la tarea fundamental no consiste hacer caer un sistema, que, de todas formas se cae él solo al chocar contra el planeta, sino en imaginar e ir haciendo realidad ese otro mundo posible. Posible, y sobre todo, ya ha quedado bien claro, inevitable.

 Margarita Mediavilla Pascual, noviembre 2011.

salvemoselplaneta6

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El 15M y la Tierra ¿miramos hacia abajo?

¿Por  qué  ha  surgido  con  tanta  fuerza  el  15‐M?  Debía  de  haber  un  resorte    por  ahí
escondido en la sociedad española que ha estado durante años acumulando tensión, y
finalmente, se ha liberado. ¿Qué era? quizá  una cosa muy sencilla: que desde arriba
llevaban  mucho  tiempo  explicándonos  el  mundo  en  base  a  unos  moldes,  y  hemos
empezado  a  ver  que  la  realidad  que  vivimos  no  cabe  dentro  de  ellos.    Tanto  en  la
política, que se había reducido prácticamente a una lucha entre “tribus”; como en la
“incomprensible”  economía, se nos incitaba a no pensar y dejar que nos resolvieran
los problemas. Pues bien, ha llegado el momento que en que lo hemos visto claro: eso
no funciona, las explicaciones simplistas que nos dan no nos sirven y además “desde
arriba” no están arreglando siquiera los problemas.

Y ahora que el espejismo se ha roto ¿podemos encontrar  un modelo de la economía y
la  sociedad    suficientemente  amplio  para  explicar  nuestro  mundo?  ¿Tenemos  ideas
que    nos  ayuden  a  entenderlo  e  interpretarlo?  A  mí  me  gustaría  intentar  abrir  una
ventana que nos ayude a hacerlo, y para ello me parece esencial en estos momentos
mirar hacia  la tierra, y hacerlo desde dos puntos de vista: la tierra como aldea global
humana y la tierra como planeta que nos sustenta.

Los intentos del 15M de exigir justicia social  y democracia pueden quedar en agua de
borrajas si no somos capaces de ver un hecho incuestionable: la política y la economía
se alejan de los ámbitos nacionales porque hace ya años que la empresa y las finanzas
son globales. Las rebajas en los derechos sociales del pacto del euro, por ejemplo, no
son  sino  un  intento  de equiparar  a los  trabajadores  europeos  con  los  “competitivos”
trabajadores  de  los  países  en  desarrollo,  que  tienen  condiciones  de  trabajo
completamente desreguladas y en muchas ocasiones ni siquiera poseen sindicatos. Si
asumimos  que  no  hay  más  alternativa  económica  que  el  actual  mercado  global
desregulado, esta tendencia es muy lógica.

El  movimiento  alterglobalización,  hace  años,  proponía  alternativas  a  este  mercado
global desregulado, como la exigencia de que la liberalización de los mercados fuera de
la  mano  de  derechos  laborales  similares  en  los  países  productores  y  consumidores,
para evitar el “dumping social”. Desgraciadamente estas reivindicaciones en su día no
despertaron  demasiada  atención,  entre    los  partidos  políticos  y  sindicatos,  pero
tampoco  entre  los  ciudadanos  de  a  pie.  Durante  años    hemos  permanecido  pasivos,
beneficiándonos de las manufacturas baratas del sur, pero  ha llegado el momento en
que esa pasividad no nos vale y debemos tomar en serio la creación de una solidaridad
entre  los  trabajadores  de  todo  el  planeta  para  la  defensa  de  los  derechos  básicos.
También  quizá  es  ahora  el  momento  de  tener  en  cuenta  ideas  que  se  han  utilizado
muy  poco  durante  años,  como  el  poder  del  consumidor  bien  informado  que,  con  su
compra, promueva  unas relaciones laborales justas y un respeto al medio ambiente.

Si los sindicatos han fracasado defendiendo al trabajador es posible que no haya sido
sólo por su corrupción o porque no sean una herramienta válida, sino porque no han
querido encarar estas dos realidades: la necesidad de buscar la solidaridad global y la
necesidad  de  incorporar  nuevas  formas  de  lucha.  Asimismo,  enfoques  globales  y
solidaridades  internacionales  parecen,  a  todas  luces,  indispensables  a  la  hora  de
abordar reformas del sistema bancario o el sistema político como las que propone el
15M.

La segunda mirada que propongo va hacia abajo: hacia la tierra material y el planeta
fisico‐biologico.  Es  obvio  que  nuestra  economía  requiere  para  su  funcionamiento
grandes  cantidades  de  recursos  naturales.  Las  doctrinas  liberales  hablan  de  que  las
economías  evolucionan  requiriendo  menos  materiales  y  energía,  pero  los  estudios
realizados y la realidad de estos últimos siglos demuestran que esto no es cierto y, por
ello, crecimiento económico es prácticamente sinónimo de crecimiento material. Esto
es  muy  preocupante,  porque  los  expertos  nos  están  avisando  de  que  numerosos
recursos naturales están llegando a su máximo de extracción, cuando no a su declive.
Este declive se siente especialmente en el campo energético, porque el petróleo está
sufriendo  un  estancamiento  de  la  produccion  desde  el  año  2005,  sin  que  los
biocombustibles,  los  crudos  de  baja  calidad  o  los  vehiculos  electricos    puedan
compensarlo,  porque técnicamente están lejos de ofrecer las mismas prestaciones y
son  soluciones  muy  limitadas.  Los  fosfatos,  las  pesquerías,  los  bosques  o  el  agua
potable son recursos donde restricciones similares se están también encontrando ya.
Esto pone a la humanidad en una tesitura muy dificil, ya que nos estamos enfrentando
a los límites de crecimiento material y nuestra economía se basa en el crecimiento. No
es en absoluto descabellado pensar que todos estos límites tienen mucho que ver con
la actual crisis económica.

Gestionar  un  mundo  global  y  donde  los  recursos  estan  en  declive  va  a  ser  una  tarea
compleja  y  va  a  requirir  una  transición  difícil.  Ni  el  15‐M  ni  ningun  otro  movimiento
social  que  aspire  a  dar  respuesta  a  las  necesidades  de  los  ciudadanos  del  siglo  XXI
puede permanecer ajeno a esta enorme realidad. Para poder repartir bien este pastel
que cada vez se nos está haciendo más pequeño, nos van a hacer falta reflexiones muy
profundas acerca de qué es eso que consideramos desarrollo. Este tipo de reflexion ya
ha surgido en algunos países en circulos ligados al ecologismo y a movimientos sociales
como  el  decrecimiento,  las  ciudades  en  transicion,  el  movimiento  slow  o  el  “buen
vivir”.

Merece mucho la pena que el 15‐M se enfoque hacia estas dos miradas a la tierra y
escuche lo que tanto la alterglobalización como el decrecimiento tienen que decir. De
no  hacerlo, es  posible  que  el  15M   decepcione,  por  no  sea  capaz  de  dar  respuesta  a
toda la indignación que ha salido a flote; pero, si es capaz de hacerlo, este movimiento,
al  igual  que  otras  manifestaciones  que  están  surgiendo  en  el  planeta,  podría
convertirse en una fuerza importante que nos permita avanzar hacia un nuevo modelo
de desarrollo global.

Margarita Mediavilla Pascual, septiembre 2011.12

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