Monthly Archives: julio 2012

Los indios, los vaqueros y los extraterrestres (reloaded)

A colación del post anterior de Marga, copio parte de lo que escribí en “La Revolución Solidaria”, hace ya más de 12 años:

“Las religiones suelen enseñar a juzgar la conducta que es adecuada para las personas. Se parte de la premisa de que el individuo es libre y por tanto responsable de sus actos y se dan unas pautas más o menos concretas de lo que es el comportamiento ideal.

En casi todas las religiones el amor es el principio fundamental. Por él podemos juzgarnos a nosotros mismos y a los demás.

Las propias sociedades, al margen o no de las religiones, tienen un mecanismo parecido de evaluación de los individuos (costumbres, tradiciones y leyes).

Sin embargo, el choque de dos civilizaciones se juzga con un mecanismo distinto, sobre todo cuando una aplasta a la otra. La historia es contada por el vencedor, y sólo después de muchos años, al menos de varias generaciones, se puede considerar la interpretación de los hechos por parte del perdedor.

Yo conozco bien este hecho porque lo he vivido. Cuando era muy niño, jugar a los indios y vaqueros suponía que los malos eran los primeros y los buenos los segundos, como en las películas que veíamos. Pocos años después, aún jugando, resultó que había que pedirse ser del bando de los indios.

Reflexioné poco desepués sobre este extraño hecho y así, cuando vi desde entonces las películas sobre la segunda guerra mundial siempre me decía: “sí es verdad, pero lo de Hirosima es tan salvaje como lo de Dachau”. De ahí al pacifismo hay un pequeño paso…

Hoy, que cada vez es más fuerte la idea de una única civilización sobre la Tierra, ¿cómo vamos a ser capaces de juzgarla? Ninguna civilización nos va a aplastar como para ser juzgados y a nadie nos queda por aplastar para juzgar. ¿Cómo encontrar pues “la conducta propia correcta” de nuestra civilización?

A mí me gusta hacer un pequeño ejercicio de imaginación para objetivizar mejor nuestros actos como civilización: me imagino que una civilización extraterrestre muy avanzada nos observa y nos juzga: Cuando me entran ganas de sonrojarme como parte de la humanidad, entonces sé que eso no esta bien. Entonces me ayuda pensar que esos extraterrestres imaginarios hacen que me sonroje de pura vergüenza porque el 80% de la humanidad está empobrecida por el otro 20% o porque decenas de especies son extinguidas diariamente por nuestras manos. Por ejemplo.”

El enemigo común en realidad es nuestra propia Civilización. Hoy leí una frase (vimeo.com/17286537) que expresa de forma genial el sentimiento que arrastro desde hace algunos años:

“Mi optimismo está basado en la certeza de que ésta civilización está derrumbándose. Mi pesimismo en todo lo que está haciendo por arrastrarnos en su caída”. Y añado: Mis miras están puestas ya en la siguiente civilización humana.

¿Cómo hacemos para inventar una bandera de solidaridad cuando el enemigo común llena todos los espacios a nuestro alrededor y nos convierte a la mayoría en enemigos de nosotros mismos?

Carlos de Castro Carranza

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Mi bandera no es ni roja ni amarilla

Roja, amarilla, violeta, verde, negra, más roja… las banderas salen a las calles estos días. Es normal que la gente tenga necesidad de banderas en estos tiempos difíciles, porque sirven para juntarse a luchar contra las adversidades y tenemos muchas adversidades últimamente. Pero, la verdad… a mí me parece que todas las banderas que ondean estos días son un poco de mentira, son banderas falsas y vacías.

Las banderas de antes eran trapos de colores, pero servían para identificar a las gentes que habitaban un pedazo de tierra con su particular cultura, idioma, industria….Pero ¿qué significado tienen ahora esos colores en esta economía tan global, en esta cultura tan desarraigada y en esta vida tan alejada del terreno? Los trapos de colores se han quedado vacíos y no son más que adornos de las competiciones deportivas, sucedáneos del sentimiento de tribu. Aunque a veces se usan para cosas peores: envoltorios que esconden dentro un adoquín con el que dar en la cabeza a quien es diferente y se sale del rebaño o túnicas de colores con las que los gobernantes deslumbran al pueblo, esconden sus corrupciones y les hacen creer que pertenecen a una nación fuerte.

Quizá por eso mucha gente sustituye los trapos de colores por otro tipo de bandera más chic: las marcas. Ahora uno es de Nike, Loewe, Desigual o de la “marca España” (que hasta las naciones se han convertido en marcas). Banderas, éstas del mundo global, todavía más falsas que los trapos de colores, porque nos hacen creer que son diversas cuando no lo son. Son todas la misma bandera de los dueños del capitalismo global, que tienen la misma ideología, la misma forma de ver la vida y los mismos intereses…cada día más diferentes de los intereses de las personas que viven en cualquier pedazo de tierra, porque sólo son los intereses de la gente que vive en reducidas islas de poder y abundancia por todo el planeta.

El caso es que necesitamos banderas, porque necesitamos juntarnos. Pocos son tan inocentes de pensar que podemos salir de esta crisis a base de que cada uno se atrinchere en su casa con el fusil. Necesitamos respuestas colectivas para crear un nuevo sistema que funcione y las banderas son ese símbolo imprescindible para avanzar porque nos dicen a qué hora hemos quedado y cuál es la ruta a seguir.

¿Qué bandera podríamos proponer? Debe ser una bandera de verdad, porque falsas ya tenemos muchas. Las banderas verdaderas son las que hablan de comunidades, de personas reales y de compromisos entre ellas. Son banderas que hablan de solidaridad y, aunque parezca mentira, si están bien hechas, funcionan; porque, aunque los seres humanos no somos especialmente virtuosos, cuando no tenemos ningún paraíso fiscal al que escapar y tenemos que vivir juntos, terminamos arrimando el hombro.

Esta bandera deberá reflejar que si el negocio del vecino funciona podremos pagar las escuelas, y si la escuela funciona la hija de la vecina será buena política o juez o funcionaria, y sólo así saldrán adelante los negocios que luego pagan los impuestos, que pagan las escuelas. Por eso lo único que necesita nuestra bandera es un espejo donde se reflejen los rostros de todas las personas que formamos una comunidad.

Debería ser un buen espejo para no dejarse seducir por trucos de publicistas que nos hacen ver cercanos y atractivos a quienes, en realidad, pagan sus impuestos en las Islas Mauricio. Debería reflejar bien a todos, en lugar de hacer como las pantallas de televisión, que sacan muy grandes los meritos de los cercanos al poder, muy chiquititos los del pequeño empresario, trabajador, autónomo, madre o voluntario y no sacan nunca los méritos del que critica al poder.

Además, quizá en ese espejo no se reflejase sólo el vecino, probablemente también mostraría a la niña que ha hecho el pantalón que compro, el bosque de donde ha salido la madera para mis muebles y el campesino africano que ha cultivado el cacao de mi chocolate, porque todos ellos están mucho más cerca de mí de lo que parece y lo que les a ellos sucede también termina sucediéndome a mí.

No va a ser fácil coser esta bandera, ni va a ser fácil encontrar el material que nos permita reflejarnos, pero si no tenemos ningún estandarte fiable que seguir en estos tiempos de confusión, podemos intentar probar materiales, sacar hilos y enhebrar agujas. ¿Me ayudas a construir mi bandera? Tiene una gran ventaja: en cuanto te acercas a ella se hace tuya, así que es tuya y es mía y es de todos, pero, además, no pertenece a nadie.

Margarita Mediavilla, julio 2012.

Children look into a car mirror in a school, used as a temporary shelter for internally displaced people (IDPs), in the southern Yemeni port city of Aden June 20, 2012. They are among the many IDPs who are living in temporary shelters in Aden after they left their homes in the neighbouring province of Abyan, after al Qaeda-linked militants took over a large swath of the province last year. REUTERS/Khaled Abdullah (YEMEN - Tags: POLITICS CIVIL UNREST SOCIETY POVERTY)

Children look into a car mirror in a school, used as a temporary shelter for internally displaced people (IDPs), in the southern Yemeni port city of Aden June 20, 2012. They are among the many IDPs who are living in temporary shelters in Aden after they left their homes in the neighbouring province of Abyan, after al Qaeda-linked militants took over a large swath of the province last year. REUTERS/Khaled Abdullah (YEMEN – Tags: POLITICS CIVIL UNREST SOCIETY POVERTY)

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