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¿Renacimiento nuclear o Garoña?

Garoña ha anunciado este viernes 14 pasado su enésima “amenaza” de cierre, aunque parece que esta vez va más en serio que las demás y dan definitivamente por perdido el pulso con el Gobierno. Para la industria nuclear acaba de nacer el “mártir Garoña” y tratarán sin duda de sacarle el máximo partido. Sin embargo más adelante en el post veremos que económicamente es un disparate continuar para Garoña con las nuevas condiciones establecidas por el Gobierno.** Y para la comarca no debería de tratarse de ninguna tragedia si se aprovecha la oportunidad para una transición inteligente de futuro. Conviene desdramatizar la situación: en España por cada GWh generado la eólica generaba antes de la crisis casi 5 veces más de empleo (el doble actualmente) en proporción que Garoña, lo que con 5 millones de parados es una muy buena noticia:

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(Referencias: [Balances 2010], aquí y aquí)

Pero vayamos por partes.

Desde el final de la década de los años 2000 se ha producido un cambio de discurso en la política de diversos gobiernos, más favorable a la energía nuclear y la industria se apresuró a acuñar el término de “renacimiento nuclear”. Esta postura constituyó un cambio frente al enfriamiento que produjo el bombazo de 1986 de Chernóbil. Así, el “renacimiento nuclear” se extendió entorno nuestro y las bondades de la reacción controlada en cadena parecían compensar sus inconvenientes (al fin y al cabo, ¡todas las fuentes de energía las tienen! También las renovables…). Por supuesto, una sociedad que idolatra la tecnología, y por tanto las soluciones tecnológicas constituye un caldo de cultivo proclive a este razonamiento (y algún lector se preguntará, ¿pero en vez de solucionar no será que crean problemas?).

En España, la energía nuclear viene cubriendo entorno al 20 % de la generación eléctrica. Como desde hace casi 20 años no se construye una central, esta proporción se ha ido reduciendo a medida que aumentaba la demanda. Respecto de la energía consumida útil en el país, la energía nuclear constituye apenas el 4,5 % (pensad que del total energético consumido útil, sólo un 21 % de la energía es eléctrica). Del resto, casi la mayoría (más del 70%) son productos derivados del petróleo y del gas. Por lo que convendría en el debate sobre energía nuclear en primer lugar separar churras de merinas, y entender que el pico del petróleo es un problema cuantitativa y cualitativamente diferente (se puede producir energía eléctrica de muchas formas; pero no se pueden sustituir así como así la excelente calidad energética de las energías fósiles).

Hemos dado las cifras en energía útil. Es ciertamente interesante que las estadísticas oficiales facilitadas por el Ministerio [Balances 2010] omitan a la energía nuclear de las tablas de energía final pero sí la desglosen cuando se representa la energía primaria. Y cuando se sabe que el ratio de energía primaria es el triple que de útil (o sea que se desperdician 2/3 sistemáticamente de la energía nuclear obtenida en el reactor), que a pesar de que el uranio proviene de países como Rusia, Australia, Niger, Kazajistán, Canadá, etc. se considera la nuclear como energía autóctona, y sabiendo que el mercado energético nacional es un juego de Oligopoly, las cosas parecen cuadrar más.

A nivel mundial los datos son similares: en 20 años su participación en la generación eléctrica mundial ha caído hasta el 14% en 2011. En cuanto a energía final útil, su parte de la tarta es casi marginal: menos del 2,5%. Por lo tanto el debate energético “urgente” en estos momentos no pasa por la energía nuclear. ¿Por qué entonces es este debate tan preponderante? Una posibilidad es que la generación nuclear sea tan aberrante que genere un rechazo proporcional. O bien también se puede tratar de una maniobra habilidosa para ocultar los verdaderos problemas (como los Dragones pueden eclipsar gas de esquistos). Sin duda alguna el rechazo está relacionado con el desacuerdo con las armas atómicas. Muy probablemente el Oligopoly también tenga que ver: si hay enormes centrales, habrá pocas centrales, si hay pocas centrales habrá pues pocas compañías operando. Para muestra un botón: la Central de Ascó produce ella sola entorno al 6 % de la energía eléctrica anual en España, y Endesa es su única propietaria. En realidad sólo 2 empresas: Iberdrola y Endesa (y mínimamente Gas Natural) son propietarias de todo el parque nuclear español.

(*Para un análisis del ciclo completo del uranio recomiendo leer el post de Antonio Turiel: “Los verdaderos riesgos de la energía nuclear”.)

Volviendo al tema del “renacimiento nuclear”, de hecho esta expresión constituye más una especie de estado de ánimo o voluntad que de expresión de la realidad. Como prueba el siguiente gráfico, en el que se muestra el histórico de número de reactores enchufados (en verde) y desenchufados de red (en naranja) a nivel mundial:

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Se han identificado varias causas claras de este declive a nivel mundial ([Schneider 2009 y 2012] para más información):

1- La “no-abundancia” de los recursos minerales de uranio,

2- Dramática escasez de personal cualificado

3- Mercados liberalizados; recordemos que mientras las empresas se quedan con el beneficio de la explotación, tanto el desmontaje como la gestión ad infinitum de los residuos nucleares es tradicionalmente responsabilidad del Estado. Además, en caso de accidente grave, se puede imaginar el lector quién paga la factura (aparte de las consecuencias directas en la población que se pudieran producir). Una versión más del muy conocido “privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas”.

Así, tras la “toma de experiencia por parte de los gobiernos” de los verdaderos costes de la energía nuclear y la (semi)liberalización de los mercados eléctricos, no parece que abunden inversores ni empresas dispuestas a involucrarse en proyectos que requieren inversiones tan elevadas, con tanto coste, y cuyos beneficios no están tan claros cuando no se externalizan los inconvenientes (o cuando no se asegura que durante las varias décadas de operación éstos no vayan a ser internalizados).

4- La energía nuclear es la único cuyos costes aumentan en el tiempo (principalmente para asegurar niveles de seguridad).

De nuevo tomamos como ejemplo la central de Santa María de Garoña. Se le pide un impuesto para “contribuir” al coste de la gestión de los residuos de más de 150 millones de euros anuales, y unas mejoras de seguridad post-Fukushima (ambas centrales son tecnológicamente hermanas) de más de 120 millones de euros. Teniendo en cuenta que los beneficios anuales son de “sólo” (!) 250 millones y estaba previsto su cierre en julio, las cuentas están claras. Esto es lo que ocurre cuando se internalizan (una parte de) los costes de la tecnología nuclear: ¡que sencillamente ya no es rentable!

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En palabras de [Schneider 2009]:

“La situación en la segunda década del siglo 21 será radicalmente diferente de la década de 1980. En los primeros días de la la industria nuclear se sabía menos sobre los desafíos financieros y técnicos de la cadena del combustible nuclear, y este vacío proporcionó a la industria un margen sustancial. Las instalaciones nucleares se beneficiaron de la capacidad de pasar gran parte del riesgo de la inversión a los contribuyentes, aplazar las preocupaciones sobre residuos nucleares y desmantelamiento de las plantas, y no hacer frente a la competencia de los diferentes generadores y de los mercados competitivos de electricidad. Teniendo en cuenta la pérdida de cientos de miles de millones de dólares de capital en las anteriores oleadas de construcciones nucleares, y obviando los problemas existentes en gestión de residuos, proliferación, y financiación, el desafío a los grandes planes nucleares es inevitable.”

“Simplemente, las ratios de inversión y construcción de la década de los 80 no se pueden repetir treinta años más tarde. La industria nuclear y las empresas enfrentan desafíos en un ambiente industrial que ha cambiado radicalmente. Hoy el sector, público o privado, tiene que afrontar gastos de gestión de residuos y desmantelamiento que superan con creces las estimaciones del pasado, incluso si la parte del león del coste es, a menudo, asumida por fondos públicos. También tiene que competir con un sector del gas y del carbón en gran parte modernizado, y con nuevos y potentes competidores en el nuevo sector de las energías renovables.

El accidente de Fukushima viene a dar la puntilla a la ilusión del “renacimiento nuclear”; Japón, Alemania, Italia, etc. son demasiados renuncios significativos. A corto y medio plazo la industria sólo puede aspirar a mantener lo que hay, y probablemente aparecer en los mercados emergentes (China, India, etc.) empleando como eficaz argumento la mitología de la tecnología de occidente y el complejo de imitación que éstos poseen.

Garoña no lo han cerrado los ecologistas (¡ya les gustaría tener tanta influencia!), ni un órdago de las eléctricas, ni una obsesión por el Gobierno del PP por incumplir todas sus promesas electorales; sino simple y llanamente las tendencias mundiales del sector: todo el mundo ha oido hablar de Garoña, pero ¿quién ha oído hablar de algún nuevo proyecto en España (y prácticamente en Europa) de central nuclear en los últimos 20 años?

Por último, romper una lanza por la Wikipedia, que es capaz de producir artículos tan buenos y sopesados como el de la “Energía nuclear en España”.

Iñigo Capellán Pérez

Addendum 19-12-2012

** Según Francisco Castejón, portavoz para temas nucleares de Ecologistas en Acción: “El impuesto sobre el combustible gastado que se debatirá mañana en el Congreso supondría una carga mucho menor para Garoña de lo que se ha declarado oficialmente. Frente a los 150 millones de euros de los que hablaron los propietarios de la central nuclear, los cálculos realizados por Ecologistas en Acción apuntan a sólo 24 millones anuales”. Ver noticia completa aquí.

Referencias

[Balances 2010] Estadísticas y Balances energéticos”. Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Consultado el 10-4-2011. <http://www.minetur.gob.es/energia/balances/Balances/Paginas/Balances.aspx>

[Schneider 2009] Mycle Schneider, Steve Thomas, Anthony Froggatt, Doug Koplow (2009): “The World Nuclear Industry Status Report 2009″. <http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20110208101410152>

[Schneider 2012] By Mycle Schneider , Antony Froggatt , Julie Hazemann (2012): “The World Nuclear Industry Status Report 2012″. <http://www.worldnuclearreport.org/>

– See more at: http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?cat=4&paged=10#sthash.Cu389mmw.dpuf

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Austeridad y sacrificios humanos para los dioses del mercado

La actitud que está tomando el gobierno del PP respecto a los recortes da la impresión de ir más allá de una estrategia racional de ahorro. Recuerda a los peores momentos de la tradición inquisidora y parece guiada por la intención de destruir todo lo bueno que hay en la sociedad española. Da la impresión de que nos están diciendo que la sanidad pública, la educación, la atención a los dependientes, la democracia y todo lo que están recortando son “placeres profanos” que deben ser sacrificados en aras de la competitividad; igual que los devotos cristianos de antaño debían mortificarse para que sus pecados fueran perdonados.

¿Qué estamos haciendo?¿Qué nos están haciendo?¿Tiene esto alguna lógica o simplemente responde a instintos irracionales arraigados en nuestro inconsciente colectivo o incluso nuestras tradiciones religiosas?

No puedo dejar pensar que nos estamos comportando exactamente igual que los habitantes de la Isla de Pascua cuando empezaron a colapsar. Probablemente, en Pascua, cuando las lluvias empezaron a escasear y las cosechas a disminuir, los sacerdotes dijeron al pueblo que habían sido vagos y no habían construido suficientes estatuas para los dioses, que habían “vivido por encima de sus posibilidades” y los dioses les castigaban negándoles las lluvias. Por eso las mayores estatuas de piedra encontradas en la Isla fueron las construidas poco antes del colapso y muchas de ellas quedaron inacabadas.

Probablemente les dijeron que tenían que trabajar más y comer menos, como nos dicen a nosotros, pero sin olvidarse de pagar los tributos que mantienen a los sacerdotes, porque “eso agrada a los dioses”; igual que nuestros gobernantes y banqueros no cuestionan que ellos puedan bajar sus sueldos ni sus beneficios. Y probablemente los pascuenses se esforzaron mucho y obraron de buena fe para intentar detener el colapso; pero todos sus sacrificios fueron en vano, porque estaban adorando a dioses falsos, que ni eran capaces de darles las lluvias, ni de devolver la fertilidad a la tierra. Más bien todo lo contrario. Sus dioses les llevaban a destruir, a base de construir grandes estatuas de piedra, aquello que realmente les daba de comer: los bosques de palmas que atraían la lluvia y protegían los suelos.

A ver si podemos nosotros pararnos a pensar un poco antes de seguir ofreciendo sacrificios humanos sin ton ni son en esta orgia de locura colectiva. Tenemos que salir de la crisis y es verdad que no podemos hacerlo sin asumir que tenemos en gran medida la culpa de ella. Debemos ser responsables, hacer examen de conciencia entre todos, buscar en qué nos hemos equivocado y encontrar la solución cambiando nuestro comportamiento. Pero no debemos hacerlo dejándonos guiar por supersticiones, creencias en falsos mitos, o difusos sentimientos de pecado y redención, sino usando la racionalidad y percibiendo la realidad del siglo XXI.

No es difícil darse cuenta de que, en gran medida, hemos convertido a esas cosas que llamamos “competitividad”, “crecimiento” y “economía de mercado” en los mitos de nuestro tiempo, pero ¿son realmente capaces de ayudarnos, o son tan útiles para salir de esta crisis como lo eran los dioses de la Isla de Pascual para convocar la lluvia?

¿Hay soluciones a la crisis? Probablemente las hay, pero no las encontramos porque no se encuentran donde las buscamos. Probablemente nuestra sociedad no es tan distinta de la de Pascua y no es descabellado pensar que, hoy igual que antaño, la crisis está causada por la escasez de recursos naturales. A nadie se le escapa que vivimos en un planeta muy poblado en el que todos queremos aumentar nuestro consumo mientras los recursos están empezando a escasear y encarecerse de forma muy alarmante. Si esto es cierto, y cada vez hay más datos que nos muestran que lo es, intentar salir de la crisis aumentando la “competitividad” o complaciendo a los “mercados” son estrategias igual de efectivas que los sacrificios que se hacían a los dioses de la Isla de Pascua.

Mucho antes de sacrificar lo más querido a nuestros viejos mitos tenemos que preguntarnos si éstos realmente sirven para algo o se han quedado completamente obsoletos. Si los habitantes de Pascua hubieran sido capaces de ver la falsedad de sus creencias ,remontar su crisis  habría sido complicado y no exento de penalidades, pero todo el potencial humano que gastaron en mantener sus viejos dioses lo podían haber utilizado en hacer una transición efectiva y no terminar colapsando.

¿Tenemos nosotros que sacrificar nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros derechos y nuestra democracia para salir de la crisis? En absoluto. Si nos despojamos de todo aquello que nos sobra en forma de derroche de recursos, desigualdad, privilegios, ostentación y cultura del usar y tirar, podriamos conseguir un gran caudal de energía colectiva y recursos para realizar la transición hacia una civilización realmente viable. No es lo más fundamental, como la educación o la sanidad, lo primero que tenemos que sacrificar en estos momentos, lo primero que hay que sacrificar en tiempos de crisis son nuestras viejas ideas y creencias equivocadas que no nos dejan reaccionar ante una realidad completamente nueva.

Margarita Mediavilla

moais

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Más reacciones a la carta abierta

A pesar de que los primeros días nuestra Declaración no tuvo prácticamente repercusión en los medios, a raíz de una entrevista realizada por Europa Press a Carlos de Castro,  se ha difundido mucho más  y hoy hay varios diarios que dan la noticia, aquí están los links de algunos:

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