La tecnología y el tecno-optimismo ¿nos hace estúpidos?

Si tienen un rato de calma lean este artículo y luego sigan aquí.

www.elchepito.com/google-nos-esta-volviendo-estupidos-por-nicholas-carr/

Gran artículo que me he forzado a leer entero.

Me provoca cierta ambivalencia. Por un lado, siento, como muchos otros, que como investigador el acceso rápido a la información es un salto cualitativo impresionante: Hace 20 años un artículo científico me vino de Londres (sobre genética humana) y lo esperé dos meses, no me sirvió…

Déjenme aparcar a un lado mi falsa humildad:

Soy de los encantados con internet y su forma de “trabajo” porque mi cerebro siempre ha funcionado un poco como ella: no lineal y en red; conectando cosas que podían parecer diversas. Así, aprobé un examen de análisis matemático haciendo una analogía mecánica o utilicé un aparato propio de los paleontólogos para un proyecto de acústica del automóvil y otras cuantas anécdotas de mi curriculum no oficial, como desarrollar una teoría evolutiva (Gaia) que “conecta” biología, filosofía de la ciencia, termodinámica y límites al crecimiento. Sin el acceso a la información, una dosis de suerte y una buena memoria visual y para los números no lo habría podido hacer.

Pero siento el agobio que nos pasa a todos con el exceso de información.

La anécdota de mi “descubrimiento” de que la energía eólica está muy limitada tiene ingredientes de todo esto:

Paseaba por tierras gallegas en vacaciones. A la mañana era habitual una bruma que el viento despejaba poco a poco. Yo pensaba en Gaia, y en el daño que el mar de eucaliptos le podían estar haciendo, cuando la hilera de molinos de viento en lo alto captó una vez más mi atención: “son como alfileres en la piel de Gaia, atrapando un viento que necesita ella para la polinización de muchos árboles… No podemos llenar la Tierra de ellos sin que la afecten”. Entonces me fijé que todos los molinos menos uno estaban parados (soplaba pues algo de viento pero muy ligero) y que el que giraba perezosamente tenía detrás de él aún bruma (el resto no). Eso significaba que absorbía un viento que impedía que se disipara la bruma mientras que el resto parado no lo hacía. “Influyen localmente en Gaia, no podemos captar más que una pequeña fracción de los vientos sin que la influencia sea grande en un organismo tan complejo como Gaia”.

A la vuelta de vacaciones leí un artículo de Jacobson sobre que podíamos obtener unos 72TW eléctricos de los continentes y quizás otros 8 o 10 de zonas costeras. Eso suponía interactuar con unos 200 TW. Mi buena memoria para los números físicos acudió rauda: todos los vientos del mundo en toda la atmósfera disipan 1000TW. Imposible captar y transformar 100TW en electricidad con aparatitos de 100 metros de altura en una atmósfera de 10000m. Simple y directo.

Mi experiencia con Gaia como organismo me daba la intuición de que un 1% de un flujo Gaiano básico suele ser demasiado, un 10% o más sería mortal. (Como le gusta recordar a Pedro Prieto, hemos aumentado en 100 partes por millón un gas y ya hemos lanzado un caos en el clima).

Así que exageraba Jacobson.

Entonces aproveché internet y sus posibilidades: rastreo de artículos, citas de citas hasta las fuentes: Desde finales de los 70 que había estudios. Y como me había pasado otras veces: pocas citas originales y mucha cita de cita a menudo sin que se citaran correctamente o en profundidad (primera detección de ese exceso de información: pocos científicos leen de verdad las fuentes: ¿Qué catedrático de Universidad tiene menos de 50 o 100 publicaciones?).

Todos los estudios hacían algo parecido: parten de medidas de vientos, suponen que ponemos molinos en las mejores zonas y extrapolan al mundo.

Al principio el orden de magnitud de lo captable era unos 10 TW, básicamente porque los molinos eran más pequeñitos y menos eficientes, por lo que el científico extrapolaba esa tecnología. Poco a poco se iban publicando cada vez más hasta incluso pasar de los 100TW. Aquí tenemos la prueba de que la ciencia “evoluciona” añadiendo al promedio un pequeño salto casi gradual en una dirección determinada por los “expertos”.

Lo curioso es que nadie tenía en cuenta (y hablo de decenas de publicaciones y científicos) el efecto de sombra de los molinos: energía captada significa energía que el molino de detrás no puede captar. ¿Se estaban olvidando del primer principio de la física?

No, no podía ser. Algo en mi razonamiento debía estar mal.

Expongo el caso a mis compañeros del grupo de investigación. Leen mis pegas y hacemos el primer borrador de cálculos desde una perspectiva top-down (en vez de bottom-up), natural en alguien que conoce un poco a Gaia. Resultado: parece obvio que todos están equivocados menos nosotros pues el límite tecnológico aproximado sale de 1 TWe neto, ¡dos órdenes de magnitud por debajo!

No, no puede ser. ¿Y si consultamos a algún compañero de dinámica atmosférica?

En el mientras tanto sigo leyendo y me encuentro con un borrador de un artículo de Axel Kleidon, que encuentro porque ya le conocía (un sujeto que había publicado algunas ideas interesantes sobre Gaia y termodinámica, otro “top-down” del pensamiento): denunciaba que la metodología que estaban aplicando Jacobson y compañía podía violar el primer principio de la termondinámica y el principio de conservación de la cantidad de movimiento.

Se le echaron al cuello pues estaba denunciando que Gaia usa energía renovable y que podíamos entrar en competencia con ella –algo que también estaba diciendo yo tímidamente-;  y terminó publicando sus resultados más o menos al tiempo que nosotros los nuestros (el tiene prioridad, aunque aún se puede en este mundo interconectado llegar a lo mismo de forma independiente).

¿Reconoció la comunidad científica su burdo error?

Por supuesto que no.

Simplemente ahora hacen modelos más complejos, de los llamados de Circulación General (los que se emplean para el asunto del cambio climático). Y curiosamente, Jacobson dice, como si fuera idea suya, que la metodología botton-up no se debe emplear para encontrar potenciales de más de 100TW (por que no se conservaría la energía) pero sí para sus 72TW.

Hace un modelo con su nueva metodología (que tampoco era nueva, pues es la que proponía Kleidon y otros) y le sale… Sí, casualmente, aproximadamente 75 TW (así no tiene que rectificar).

Kleidon en cambio obtiene la tercera parte más o menos.

Jacobson además se empeña en decir que nuestros cálculos no son correctos.

¿y que ha pasado después?

Nada.

La gente no lee en profundidad ningún artículo (no hay tiempo en esa red infinita de Google), así que no pueden entender qué sigue fallando, prefieren creer en el tecno-optimismo de Jacobson.

Y yo no tengo tiempo/fuerzas para publicar mis nuevos cálculos más precisos (0,75-1,5TWe netos digo ahora que ya sé algo más del asunto), sencillamente porque para mí es un asunto menor después de darme cuenta de que se inflaron también (de nuevo en parte porque casi nadie lee o comprueba; eso que se supone es básico en ciencia) para la fotovoltaica y la concentración solar, para la geotérmica, para los biocombustibles y el mar (mareomotriz, olas y OTC, aquí también con violacion del primer principio): la crisis energética se une al mito: ¡Las renovables nos tienen que salvar como sea!

¿Pero que estaba pasando? ¿Como era posible que unos estudiantes publicaran que podíamos captar 3000 TW de las olas -que disipan en todos los mares solo 60TW- en una revista revisada por profesores? ¿Y lo más sagrado de la física que debería estar inscrito en nuestros genes, el primer principio?

Sencillamente: el mito cultural favorito de esta Civilización obnubila nuestra mente: el progreso tecno-optimista.

Y después de todo, el asunto de las renovables es un asunto menor en el meollo que nos ocupa a los que sabemos del colapso civilizatorio (que ya tengo en mi “hardware” tras sumergirme en el caos climático, pico del petróleo y biodiversidad, Gaia, desigualdad humana, concentración del poder, agua, suelos, ciclo del fósforo y nitrógeno, NPP, Huella Ecológica etc. y como todo se conecta en mi cabeza en relaciones causales, pues es tan obvio que me desespera que ya no lo vea claro todo el Planeta).

Demasiadas cosas. Cada vez, y digo, cada vez, que he investigado un tema de relevancia global, me he dado cuenta de que la ciencia se hace con una carga de sesgos cognitivos y mitos culturales que pesan como losas invalidantes: Pasa con el IPCC y sus escenarios económicos de crecimiento infinito y caos climático sistemáticamente minimizado. Pasa con indicadores como la Huella Ecológica, que todo el mundo usa y casi nadie comprende. Pasa, bien lo sabemos aquí, con el tema de las reservas de petróleo infinitas. Me da miedo meterme en el asunto de la permacultura y la agricultura ecológica porque rozando el tema “solo” veo a 1000 o 2000 millones de humanos, no a 7500 y menos a 9000.

Experto en “aguafiestas”.

Sesgos cognitivos, mitos culturales y una internet-google que terminan haciendo que nuestra ciencia sea tremendamente pobre e inútil para lo relevante en este momento histórico: el colapso de nuestra civilización.

¿Tiene razón Nicholas Carr, y Google nos está volviendo estúpidos? ¿O ya lo éramos en la época de Einstein cuando solo dudaba de la infinitud del universo pero no de la humana?

Quiero recuperar eso que el autor teme perder: la tranquilidad de leer y escribir, despacio, libros. Creo que la TV nos hizo estúpidos ya. Y la Revolución Industrial. La tecnología cambia nuestra biología corporal y mental y desde la Revolución Industrial al menos los cambios son demasiado rápidos para nuestra capacidad de adaptación.

La próxima civilización será más lenta, y por tanto, mejor.

En el próximo post vuelvo a esto desde la perspectiva de 1960.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza

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