Monthly Archives: abril 2015

Publicación del artículo “¿Más crecimiento? Una solución inviable para superar la crisis energética y climática”

Hace unos días se publicó nuestro último artículo en la revista Sustainability Science, que es de hecho una continuación del trabajo publicado en diciembre en el que se presentaba el modelo WoLiM y su aplicación al set de escenarios habituales en la proyección de escenarios futuros. En este trabajo y según las hipótesis consideradas, todos los escenarios explorados resultaban ser, a la postre, no factibles:

Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda y el mercado, como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé una fuerte escasez antes de 2020, especialmente para el sector del transporte, mientras que la generación de electricidad es incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025-2050. Para poder encontrar escenarios que sean compatibles con las restricciones derivadas de los picos de los combustibles fósiles es preciso aplicar hipótesis que raramente son contempladas por las instituciones internacionales o los estudios de GEA como crecimientos económicos cero o negativos.

Por lo tanto, si estos escenarios eran no factibles, era obligado investigar qué escenarios podrían ser entonces factibles, y cuáles serían sus características principales. Así, hemos encontrado que existen elementos para esbozar 3 situaciones alternativas:

  • Escenario B: Un escenario en el que, frente a los declives del petróleo y gas, se estimula intensamente la extracción de carbón como sustituto principal. Los diferentes bloques económicos tienden a reducir sus intercambios comerciales con una competencia directa (que podría ser también violenta) por el acceso a los recursos en el resto del mundo. En términos macroeconómicos, el crecimiento a nivel global agregado aún podría aumentar a un ritmo de +1% al año hasta 2050, lo que en términos del actual sistema económico, sería insuficiente para generar altos niveles de bienestar. Así, en términos de democracia, bienestar o equidad, en este escenario saldríamos bastante mal parados, con un contexto idóneo para el surgimiento de dictaduras y tecnocracias. Sin embargo este escenario sería sólo válido a corto y medio plazo puesto que las enormes tasas de emisiones de efecto invernadero nos llevarían a una situación de caos climático.
  • Escenario C: En este escenario la adaptación a los límites energéticos se realiza por la vía “dolorosa”, esto es, no se pone en marcha ningún proceso para el cambio de modelo socioeconómico y entonces se produce una recesión generalizada en un contexto de regionalización. Se podrían en marcha dinámicas similares a las del escenario C pero en un contexto económico aún más degradado.
  • Escenario D: Se trata del contrapunto positivo. Así, asumiéndose que se produce un cambio de modelo planificado y consciente hacia un sistema no dependiente del crecimiento, una rápida y decidida transición hacia sistemas renovables y un reparto del consumo de energía a nivel mundial (o sea produciéndose un decrecimiento en el consumo de los países industrializados para que los países del Sur puedan alcanzar niveles de más altos), se esboza un escenario que permite entrever que un futuro más amable es posible con voluntad política y social.
  • (Existen otros 2 escenarios, BAU y A que resultan ser totalmente inviables)

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El artículo discute en detalle las implicaciones de la convergencia en consumo energético del escenario D en orden de magnitud: así, aquellas personas que vivimos en países industrializados deberíamos reducir nuestro consumo energético a un ritmo del 3% anual (-70% entre el año 2010 y 2050). Esto permitiría a aquellas personas que viven en el Sur (es decir el 70-75% de la población global), incrementar su consumo per cápita en +30% desde los niveles actuales. El nivel de convergencia (50-60 GJ per capita) se encuentra por debajo del umbral para alcanzar un alto nivel de desarrollo en el actual paradigm socioeconómico (Arto y otros 2015), pero se encuentra por encima del umbral para cubrir las necesidades básicas para una vida digna.

¿Cómo repercutirían en el GDP de los diferentes países estas sendas de consumo energético? Encontramos que, aproximadamente, el nivel de convergencia global se encontraría entorno a 12.000 US$, es decir en un nivel ligeramente superior a la media mundial actual. Algunos países que se encuentran actualmente en estos valores son Brasil, Costa Rica, Montenegro o Tailandia. Esto se traduciría en que los habitantes de los países industrializados deberíamos reducir nuestra renta entorno a 4 veces hasta 2050, lo que permitiría a los habitantes del Sur aumentar la suya unas 3 veces en ese mismo tiempo. Aquí es importante resaltar que existe una abundancia de datos abrumadora que indica que, a partir de un determinado umbral de GDP, los incrementos de éste no se traducen en mejoras de bienestar.

De hecho, si buscamos algunos de estos países que cumplen el doble objetivo de situarse en los niveles de convergencia encontrados de consumo de energía y renta, encontramos países con altos niveles de Índice de Desarrollo Humano (IDH) como Montenegro (IDH=0.791), Uruguay (0.789) o Costa Rica (0.77).

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Por supuesto, hay muchos matices que no pueden ser resumidos en esta breve entrada, por ello, aquellos interesados tenéis disponible una copia del texto aquí (de momento en inglés).

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Figura 3: Emisiones de CO2 por escenario. En esta figura se puede apreciar cómo aquellos escenarios dónde se limita el crecimiento presentan un gran potencial de reducción de emisiones de efecto invernadero, estrategia queya ha sido propuesta por algunos climatólogos eminentes como Kevin Anderson o Alice Bows-Larkin.

Iñigo Capellán Pérez

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En defensa de un colapso de nuestra Civilización rápido y temprano

Aquellos pocos que llevamos años pensando que el colapso es inevitable y cercano en el tiempo (si no lo tiene claro, este post no le es útil) estamos en disposición de pensar sobre la conveniencia de su profundidad, rapidez y momento en que empiece a ser evidente al menos para una minoría “amplia” (mientras escribía el borrador de este post Ugo Bardi ha escrito algo parecido, me ha resultado curioso).

Defender que el colapso comience pronto es muy fácil y ya se hizo hace tiempo desde “Los límites del crecimiento”: cuanto más se resiste un sistema en crecimiento en caer “más dura resulta la caída” porque va desde más arriba y porque el sobrepasamiento habrá sido mayor y durante más tiempo, por lo que los daños sobre los ecosistemas soporte y sobre las “sociedades y cultura” soportes, son mayores y los nuevos límites terminan más “abajo”. Podemos verlo por cómo están siendo las reacciones de las élites y de la sociedad a la “trinza”: energía-clima-biodiversidad.

Ante la primera gran crisis energética por el pico del petróleo, nos estamos resistiendo a “hincar la rodilla” a base de biocarburantes, carbón, fracking, guerras, exclusión de la tarta económica, etc., medidas que hacen aún más frágil el sistema energético y social y que realimentan el caos climático y la extinción de poblaciones y especies. Mientras nos resistimos, van muriendo las gentes que “saben de todo” (arreglar zapatos, cultivar, construir una casa…) y los jóvenes van convirtiéndose en la generación peor preparada de la historia, sin resistencia ni resiliencia (salvo las que dan la pura juventud).

Perdimos la 1ª oportunidad de colapsar, con cierto orden, en la crisis del 2008-09, aunque creo que la ultima oportunidad de colapso “bueno” la perdimos tras las contrarreformas a las resistencias de Mayo del 68 y las crisis de los 70s del petróleo, que lejos de ser aprovechadas de verdad sufrieron un contraataque de las élites (del Imperio diría un fan de la Guerra de las Galaxias) que tuvo éxito durante las tres décadas siguientes.

Ahora, en 2015-16, tenemos la 2ª oportunidad de colapsar con aún menores probabilidades de hacerlo bien. Sinceramente espero que estos años inicien un bucle de descenso rápido, porque si no, habrá significado que hemos sido capaces de tensar aún más la cuerda, no sé si con una extensión del fracking a escala global o una mezcla de viejas y nuevas locuras. No lo creo y creo que esta vez es “la definitiva” y mi miedo es a que ese colapso relativamente rápido, e insisto, inevitable, comience un poco más tarde o trate de ser frenado por la “tecnología adecuada”.

Los colapsistas tendemos a pensar en cómo hacer para colapsar mejor, en como descender con cierto orden y a un estado que evite las cavernas o los escenarios que denominamos tipo Mad Max. Argumentamos que los no colapsistas –los que nos acusan de catastrofistas cuando se dignan en discutir con nosotros- son los que nos llevan precisamente a las cavernas o incluso a la extinción; son ellos los catastrófilos. Nos empuja un humanismo profundo (o por lo menos a muchos de los que conozco).

Pero muchos de entre nosotros creen que el colapso no debe ser demasiado rápido porque eso lo haría demasiado profundo.

Durán y Reyes lo argumentan bien en el último capítulo de su imprescindible “La espiral de la energía”.

Desde el punto de vista tecnológico el debate no es sencillo: ¿qué hacer con la agricultura ecológica, con las nuevas renovables o la arquitectura bioclimática? ¿Qué si son capaces de mantener más población si lo hacen con mayor impacto que tecnologías mucho más “bajas” tras un relativo fuerte colapso? ¿Y si esas transiciones tecnológicas hacen aguantar más la caída pero la profundizan?

Voy a defender aquí, sin excesivo convencimiento dada la complejidad del tema, la postura de que necesitamos un colapso rápido y bastante profundo para evitar las cavernas o la extinción humana. La apuesta es altísima pues.

La realimentación Caos climático-6ª extinción masiva, puede ser “mortal”. Si el caos climático va a ser más rápido de lo que proyectan nuestros modelos aunque emitamos menos de lo que proyectan esos mismos modelos, los efectos sobre la biodiversidad pueden llevarnos, casi seguro ya, a extinciones mayores del 25% de las especies, incluso superiores al 50% no son descartables (a pesar del pico de las fósiles por motivos geológicos). Esas extinciones suponen una debacle previa de las poblaciones animales y vegetales de más del 50% o de más del 80% (sobre una merma anterior del 50% de poblaciones terrestres), lo que implicaría unas realimentaciones brutales sobre los sistemas humanos que nos llevarían a las cavernas (si no a la extinción) y quizás, durante decenas de miles de años no saldríamos de “civilizaciones tribales” con muy baja población humana y un permanente riesgo de extinción, como en los comienzos del género Homo.

Además, la recuperación de Gaia tardaría algunos millones de años, tiempo en el que la pérdida de control que ésta ejerce sobre el clima prácticamente desaparecería. En realidad habría un disparo de realimentaciones positivas entre:

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La catástrofe total podría ocurrir si hacemos una transición “lenta”, o bien porque mantenemos, aunque sea regionalmente, altos consumos, o bien porque la población desciende lentamente mientras sigue depredando bosques, mares, etc. (véase la encrucijada energética, etc.). Es interesante recordar que en la última extinción masiva, que extinguió 2/3 de las especies, la de los dinosaurios, acabó con prácticamente el 100% de las especies terrestres grandes –de más de 45 Kg-, el Homo sapiens no habría sobrevivido de haber estado allí, y el Homo technologicus menos).

La gráfica siguiente  representa dos posibles salidas de un sistema que ha sobrepasado sus límites en función del tiempo (cualquier otra salida posible será una variación de ellas):

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Tarde o temprano debe haber un ajuste a través de un colapso (rojo) o una transición/colapso (verde). En la gráfica representamos en rojo (línea continua) un colapso rápido que se queda también rápidamente por debajo de sus límites (línea discontinua roja); el límite tiende a ser erosionado una vez iniciado el sobrepasamiento y su recuperación es lenta a escala humana. En verde representamos una transición/colapso más lentos pero que terminan a largo plazo en un nivel muy inferior o en la extinción del sistema (el cambio de sistema también es muy lento por los mitos culturales que habría que vencer, por lo que el sistema tarda en aprender a ajustarse demasiado tiempo y se sobrepasan puntos de no retorno, sea de clima, sea de extinción, sea de sorpresas desconocidas).

Así, cuando doy unos límites tecnológicos bastante bajos para las energías renovables (a decir de algunos, pues hablamos de unos 4-6 TW eléctricos), de llevarlos a cabo, los modelos tienden a ralentizar el descenso y a alargarlo; si los sobrepasáramos, porque mis estimaciones son erróneas, la cosa iría a largo plazo aún peor, por lo que hoy pienso que lo que fueron unos cálculos desagradables de comunicar se han convertido en mi fuero interno en una buena noticia: las nuevas renovables no jugarán un papel relevante “positivo” en la transición/colapso, al igual que no lo hará la fisión nuclear (en todo caso, será mucho mejor abandonar molinos eólicos que residuos nucleares).

Un descenso rápido implica:

1º Un descenso poblacional rápido (quiebra de sistemas de salud, guerras, epidemias…) pero no necesariamente más profundo.

2º Más riesgo de guerras atómicas o químicas masivas.

3º Menos caos climático y pérdida de biodiversidad y de funciones ecosistémicas (salvo guerras atómicas o químicas masivas).

4º Menos impacto sobre la biomasa (si el descenso es lento nos iremos a deforestar como locos, también si este es rápido, pero durante menos tiempo y con menos población).

5º No sufren tantas generaciones humanas pero será durísimo para las dos siguientes.

6º Menos riesgos de olvidar (la ciencia, la técnica, las razones que nos llevaron al desastre).

Carlos de Castro Carranza

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El zumbido de los escarabajos

En las boñigas de las vacas se libra la batalla contra el cambio climático y el colapso global,  escenario privilegiado de los mejores resultados de captura y secuestro de CO2 del Planeta. Incontables obreros entierran la materia orgánica, capturan el carbono y enriquecen los suelos, preparando la fertilidad que alimentará a nuestros hijos e hijas cuando la agricultura química quiebre debido a la escasez de petróleo.

En el pequeño oasis verde de la ganadería ecológica los escarabajos trabajan en las boñigas. Escarabajos, lombrices, hongos y bacterias: todos proliferan fácilmente cuando los venenos químicos se marchan y colaboran para enriquecer el suelo y alimentar a vacas y humanos. La tierra mesetaria, con fama  de pobre y árida, se llena de un verde fresco y vigoroso en los prados bien pastoreados. Quizá esa fama de meseta dura y estéril era sólo una mentira, un cuento que esconde la incompetencia humana. Quizá no era árida, la hemos hecho así a base de guerras, deforestación, tractores, herbicidas y mercados ávidos de beneficios inmediatos.

También nos habían dicho que sin soja (cultivada a base de deforestar la Amazonía) no era posible producir lo suficiente  a un precio razonable para alimentar a la población humana. Nos habían dicho que hay que  estabular a las vacas y darles antiparasitarios (de esos que matan a los escarabajos). Nos habían dicho que necesitamos sobrexplotar animales, tierras, obreros, aguas y aires. Pero quizá todo eso también es mentira.

En los oasis verdes los habitantes del suelo abonan sin abonos químicos, las tierras que no son aradas producen lo mismo que las  ”convencionales” y, en lugar de erosionarse, cada año son más fértiles. Las vacas producen la mitad de leche pero viven 4 veces más años, y al final es  sólo un 30%  lo que hay que restar frente a la vaca altamente industrializada que necesita piensos traídos del otro lado del Planeta y usa 6 veces más energía fósil.

Mediados de abril en la meseta norte. La tarde fresca y luminosa, sol después de las lluvias. Zumban los escarabajos al anochecer volando hacia los prados, salen los sapos a los caminos, mariquitas y lombrices, canta el mirlo.

La esperanza no se rinde: hay otras formas de vivir en este Planeta. Quien quiere solucionar un problema encuentra un camino (quien no quiere, encuentra una excusa).

Si…ya lo sé, son muy pocos los oasis y muchos los centros comerciales, la transición es inmensa y  llegamos tarde, pero… los oasis existen y es un alivio para el alma visitarlos de vez en cuando.

Marga Mediavilla

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Fósiles, fracking, o de cómo construir relatos fantásticos

A partir de nuestros sesgos cognitivos y los mitos culturales que hemos generado en los últimos siglos podemos encontrar las explicaciones psicológicas y sociológicas para entender parte de lo que está pasando con la crisis energética y las “soluciones” tecnológicas.

Hace casi 10 años, cuando por fin me decidí a enfrentarme al tema del pico del petróleo, me pasó lo que a todos los que hemos entrado a este trapo: Tras las primeras lecturas y revisiones críticas vino el asombro. Es asombroso, increíble, que el mundo se esté dejando engañar por esa idea de que hay petróleo casi para siempre. Sabemos que los países de la OPEP nos mintieron en los 1980 con el tema de sus reservas de petróleo y gas, pero ahí siguen en las estadísticas. Sabemos, a poco que razonemos, que los biocarburantes, las arenas asfálticas y las técnicas de fracking no son más que producto de la desesperación, y que nos mintitieron y lo siguen haciendo de forma tan descarada que pareciera que nos llamen estúpidos a la cara.

Nos mintieron o se autoengañaron primero ellos.

O ambas cosas, dependiendo de quien.

Estos días sale la noticia de que en Inglaterra han descubierto 100000 millones de barriles de petróleo (el año pasado se descubrieron en todo el planeta 4000 millones marcando un mínimo que no se conocía desde los albores del petróleo). Los periodistas o no se enteran o no quieren hacerlo. Y la prensa jalea la mentira consciente o no. Incluso en las noticias se esconde que son barriles que para extraerlos hay que usar la técnica del fracking.

Aproximadamente esta sería la zona donde estaría esa “enorme” masa de petróleo (¿haciendo descubrimientos en el Ártico, cómo les pudo pasar desapercibida hasta ahora?):

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Parece una broma y ya solo falta que a alguien se le ocurra decir que podrían aprovechar el aeropuerto de Gatwick para sacar el petróleo de allí en avión.

¿Es que los ingleses van a cambiar esto?

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¿Por esto otro, aunque sea teñido de verde al principio?

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La estupidez de la prensa y la gente que la jalea -entreténgase un rato con los comentarios de algunas noticias en internet- no es consciente de ningún detalle. Mostremos uno: En Texas, estado que domina el fracking en EEUU, la densidad de población humana donde se encuentran los pozos es inferior casi siempre a los 10 habitantes por Km2, en la zona de Inglaterra en cuestión hablaríamos de una densidad de población dos órdenes de magnitud superior.

¿Locura o cachondeo?

Otro problema es que las fuentes de información, incluida la pretendida científica, suelen generarla científicos, ingenieros y empresarios que tienen una fuerte relación, por tiempo dedicado y/o contractual, con el recurso en cuestión.

Si no nos creemos lo del fracking inglés, si no nos creemos a las dictaduras árabes cuando nos dan sus datos de reservas, ¿por qué creernos las emisiones de metano que nos dan las industrias (de hecho, estudios independientes, multiplican por diez las emisiones de metano procedentes del fracking respecto a lo que da la EPA -la agencia de protección del medio ambiente americana- y la propia industria, conviertiendo el gas y petróleo del fracking en un emisor mayor  de gases de efecto invernadero que el carbón por unidad de energía que proporcionan) y por qué creernos los cálculos publicados de la Tasa de Retorno Energética de este tipo de tecnologías? Un ligero  escepticismo científico o de principio de precaución lógico nos llevaría a pensar que por manipuladores o autoengañados exageran.

Así podemos sospechar que se exagera TODO (tecno-optimistamente). Así podemos esperar que el colapso no se quiera ver, no se pueda ver.

Carlos de Castro Carranza

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“Cambio climático, modelos e IPCC”

“Un análisis de la metodología del IPCC revela luces pero también sombras. Mientras que el diagnóstico del problema resulta notable, las soluciones planteadas para reducir esas emisiones adolecen de importantes sesgos, y están muy condicionadas por el paradigma científico, tecnológico y social imperante. Pero también se ignoran diferentes dinámicas, interacciones y realimentaciones de los sistemas que pueden ser muy relevantes a la hora de agravar el ya dramático problema del cambio climático.”

Artículo completo publicado en el número 84 de la revista El Ecologista (Marzo 2015):

 

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