“Biodiesel o bicicletas”, Margarita Mediavilla (publicado en El Norte de Castilla, septiembre 2009)

Biodiesel o bicicletas

Los biocombustibles están convirtiendose en un tema polémico últimamente,  pero en realidad no son nada nuevo, las aplicaciones de la biomasa para producir energía son tan antiguas como la humanidad. John Perlin, en su libro Historia de los Bosques, describe cómo la madera ha sido una materia prima imprescindible para la alfarería, la metalurgia y la guerra, y también,    cómo la excesiva explotación de los bosques ha llegado a causar la decadencia de algunos imperios.

Antes del siglo XIX los productos de la Tierra, es decir, la madera y las cosechas, eran las únicas fuentes de energía que sabíamos usar, y todos sabemos que no nos permitían demasiados lujos. Un dato curioso    es que el agricultor que cultivaba el campo con ayuda de una mula debía alimentar a ésta con hasta un tercio de la cosecha de cebada. Por otra parte, los bosques de casi todo el planeta se explotaban ya a gran escala en el siglo XIX, muchos por encima de su límite de sostenibilidad.

El carbón y el petróleo fueron revolucionarios, proporcionaban enormes cantidades de energía que permitieron desarrollar la industria, el transporte  y la construcción hasta límites impensables.  El tractor permitió que el agricultor no tuviera que dar una parte de su cosecha al animal de tiro. Los abonos químicos también llegaron con el petróleo (se obtienen gracias a él).

El petróleo y el carbón hicieron   que se dejara de usar la tierra para extraer energía, en su lugar, la agricultura actual consume energía fósil, con ello se consiguen las abundantes cosechas actuales.    El petróleo empieza a escasear y ya se le están buscando “alternativas”, como los biocombustibes. Todavía es pronto para discernir si la alarmante subida del precio de   los alimentos se debe a ellos, pero debemos ser conscientes de lo que son: volver a extraer energía de la tierra, como hacíamos antes. El biocombustible no ha incorporado mejoras energéticas respecto a lo que ya conocíamos en el siglo XVIII, la diferencia está en que la tecnología actual nos proporciona combustibles líquidos, pero la energía es la de la fotosíntesis, no hay más. Con el biodiesel se vuelve a la situación de la mula: el agricultor tiene que alimentar al tractor con parte de la cosecha. La biomasa, por otra parte, sigue siendo quemar madera del bosque para obtener calor.

Esto debe hacernos ver que los biocombustibles pueden ser interesantes en algunas aplicaciones concretas a pequeña escala,    pero nunca van a poder permitirnos la alegría y el derroche al que estamos acostumbrados con los combustibles fósiles.

Por ello, antes de empezar a consumir biodiesel en nuestros vehículos, deberíamos   pensar si realmente necesitamos ese combustible. Este es un buen momento para plantearnos muy seriamente la forma en que nos movemos y el papel del automóvil en nuestra sociedad.

Es absurdo que gastemos  alimentos en mover el coche cuando ganaríamos en salud usando nuestras propias piernas caminando o yendo en bicicleta. En una ciudad como Valladolid la gran mayoría de los vehículos se destinan al transporte de personas, y éste podría realizarse perfectamente por medio de bicicletas y pequeñas motocicletas eléctricas. Las pequeñas furgonetas eléctricas podrían sustituir a un gran porcentaje de los vehículos de transporte de mercancías, dejando el petróleo o los biocombustibles para las aplicaciones donde realmente hay pocas alternativas.

Si no usamos la cabeza y las piernas es posible que tengamos que pagar precios muy altos por el combustible de nuestros vehículos, precios que no deberíamos pagar,   como el encarecimiento de los alimentos, inflación, erosión, pérdida de bosques y sabanas tropicales, hambrunas, etc. Dentro de unos días se celebrará en Valladolid la semana de la movilidad. Es una buena ocasión para plantearnos nuestra forma de movernos y las alternativas al automóvil a la luz de esta  polémica tan actual suscitada por los biocombustibles.

Margarita Mediavilla Pascual, septiembre 2009.

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