“Cambio Climático, Modelos e IPCC.” Iñigo Capellán-Pérez y Carlos de Castro. El Ecologista, no. 84 (2015): 18–20 (web y PDF)

Un análisis de la metodología del IPCC revela luces pero también sombras. Mientras que el diagnóstico del problema resulta notable, las soluciones planteadas para reducir esas emisiones adolecen de importantes sesgos, y están muy condicionadas por el paradigma científico, tecnológico y social imperante. Pero también se ignoran diferentes dinámicas, interacciones y realimentaciones de los sistemas que pueden ser muy relevantes a la hora de agravar el ya dramático problema del cambio climático.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático o IPCC (por sus siglas en inglés: Intergovernmental Panel on Climate Change) es una organización internacional nacida en 1988, creada a la estela del éxito de la estrategia contra el agujero de la capa de ozono. El panel se encarga de desarrollar evaluaciones científicas sistematizadas sobre la información científica, técnica y socioeconómica actual sobre el riesgo, potenciales consecuencias y posibles soluciones del cambio climático. Sin embargo, es importante aclarar que a pesar de su reputación como cuerpo científico independiente, el IPCC es un proceso híbrido entre comunidad científica y representantes políticos (gubernamentales), como no podría ser de otra manera en un organismo nacido en el seno de Naciones Unidas.

A lo largo de sus más de 25 años de historia, el IPCC ha alcanzado importantes logros, entre los que cabe destacar la intensa colaboración científica internacional (831 expertos y expertas de 85 países en el último informe) con la capacidad de revisión de miles de artículos y realización hasta ahora de 5 grandes informes de síntesis (1990, 1992, 2001, 2007, 2014), así como de otros de temas más específicos [3]. Con el tiempo, este enorme esfuerzo ha logrado divulgar el desafío del cambio climático a la población (principalmente de los países desarrollados) así como colocarlo, aunque en muchos casos solo de forma nominal, en las agendas de la mayoría de países del mundo; siendo su reputación oficial internacional refrendada por la obtención del Nobel de la Paz en 2007.

Sus informes están divididos en 3 áreas principales: la ciencia física del cambio climático (GT1), impactos, adaptación y vulnerabilidad (GT2) y mitigación (GT3). Sin embargo, una radiografía de la metodología del IPCC revela luces pero también sombras. Mientras que los capítulos dedicados al diagnóstico del problema son notables (principalmente GT1; por ejemplo estimando las emisiones acumuladas máximas para evitar un calentamiento “peligroso”), las soluciones planteadas para reducir esas emisiones adolecen de importantes sesgos (principalmente GT3). No en vano, cualquier análisis de propuesta de escenarios futuros es de facto una propuesta con un fuerte componente político por un lado, y que está, por otro, condicionado por el paradigma científico (y también social, como argumentaremos) en que se engloba.

http://www.ecologistasenaccion.org/article29793.html

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